En nuestra comunión como semejantes, hemos sido llamados a alentarnos y edificarnos los nos a los otros. A veces lo hacemos sin darnos cuenta o sin hacer el intento.
Algunas personas tienen una capacidad efectiva para animar, ¡y lo usan! Pero la mayoría de nosotros necesitamos ayuda. ¿De qué forma podemos dar aliento? ¿De qué forma afirmamos y edificamos a nuestros semejantes?
Animar es diferente de enseñar o corregir; su meta no es cambiar la dirección o la conducta de alguna persona. Es fortalecer y dar vigor al que lo necesita en su dirección o actividad elegida.
Hay ocaciones en las que nosotros necesitamos hacer contacto con la fuerza que hay en otros par dar un comienzo o para seguir adelante en las circunstancias difíciles.
Necesitamos que alguien venga a nuestro lado y nos heche una mano. Por eso el verdadero propósito es ayudar a nuestro semejante...

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