El ser humano anhela que su tiempo anclado en la tierra sea eterno. Más lo que muchas veces ignora es su verdadera fuente de existencia y discurren en pensamientos ilusorios.
Los sueños, sueños son, y lo real refleja grandes virtudes plasmadas de esperanza y sosiego. Solo que para ello es necesario amar lo que uno anhela. Y ese amor debe llevar en cuidar lo que se nos entregó. La misma Vida, quién va en aumento hasta que el día es perfecto. Y la Esperanza puesta en ella tiene un Dador por el cual nos promete alcanzar la verdadera Eternidad.
Hay un Salvador, Un Dador de la vida, y la Verdad. Hoy lo puedes conocer si esperas y no desesperas... su Nombre es Jesucristo en quién Dios el Padre tiene complacencia.
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