viernes, 18 de junio de 2010

VERDADERO CONSTRUCTOR DEL FARO


Para que mis hijos comprendan quiero contarles una historia. Ustedes saben que una de las siete Maravillas del Mundo fue el famoso Faro de Alejandría. Este Faro que iluminaba la entrada al puerto de Alejandría fue mandado a hacer por el Primero de los  Reyes Ptolomeos. El Primero de los Ptolomeos le encargó el trabajo a un famoso ingeniero griego llamado Sóstrato. Sóstrato hizo el faro de puro mármol. Una perfecta obra de ingeniería que fue catalogada por el mundo como una de las siete Maravillas. Resulta que el Primero de los Ptolomeos le ordenó  a Sóstrato que escribiese el nombre suyo, el del rey, para que todo el mundo supiese que él había sido el que lo mandó hacer. Sóstrato quedó muy ofendido, muy lastimado, porque el rey no quiso que figurara en el faro su nombre. ¿Saben ustedes lo que hizo Sóstrato? Sobre una capa ligera de cal y arena que el tiempo y el viento iban a tumbar, grabó, esculpió, en el mármol, en grandes letras que se leerían de lejos, su nombre: Sóstrato. Pasaron los años y el viento y el tiempo tumbaron la capa de arena y cal y se descubrió el verdadero constructor del Faro: Sóstrato.
Así somos nosotros, hijos, debajo de nuestros efectos y errores con los cuales compareceremos ante el mundo todos los días, hay una verdadera personalidad que es mucho más valiosa: el verdadero yo es el que llevamos dentro, no tanto ese que se equivoca todos los días. Todos nosotros llevamos dentro de nosotros madera gigantes, de héroes. El caso es descubrir nuestra verdadera personalidad y cultivarla. No crean ustedes que porque han cometido errores en la vida, en el trabajo, en la escuela, que por esta razón deben considerarse derrotados. No, al contrario, todo esto es más que una experiencia a fin que descubran la verdadera personalidad que llevan bien adentro.
Buenos, hijos, esto les quería decir en este Día del Padre. Como ustedes han podido ver, conmigo esta vez no tienen que gastar en grabar mi nombre en las tarjetas, porque lo que les estoy pidiendo no se consigue con nada, más que con amor. Y estas cosas  les pido en esta ocasión porque sé que cuando ustedes formen sus hogares y sean padres, llegará el día en que le dirán a sus hijos: “Hijos, este Día del Padre no quiero cosas que se deterioran con el viento ni el tiempo puede borrar, sino más bien, quiero que escriban en sus corazones. TE QUIERO PAPÁ. ES LO MÁS QUE DIOS ME PUDO DAR.
Sueños de un Padre que supo AMAR. Un Padre agradecido…